Anoche mi cielo lloró...
Me senté a la orilla de mi vida
y de una canción infranqueable
desciende su risa fatua.
Entre la fuente (de donde sale mi inspiración) se sienta la luna; junto a la oratoria de los dioses...
Desde su interior llueve a cántaros y sólo mi sombra la vé...
Desde sus labios toscos, salen sus besos solobres...
De nuevo, mi fuente es su espejo...
Espejo, espejo.. Espejito!
dime, ¿quién abrió tu puerta?
La luna ha entrado y no quiere salir...
Anoche la argéntea luna se durmió entre mis brazos,
quedándose en el aciago de mis mil sombras.
Anoche la luna ermitaña sanó mis pesares...
Hoy los bifurcará como el zar a sus tropas
como el resuello de su risa vitupera a mi alma...
Anoche mientras mi alma dormía en la muerte.!
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